viernes, 24 de octubre de 2008

“ Don Álvaro, como figura de alteridad, está determinado a un destino fatal”.

Problemática del destino en: Don Álvaro o la fuerza del Sino
Duque de Rivas


INTRODUCCIÓN

Dentro del período romántico realista, una de las obras cumbres iniciales de la literatura española de este período es sin duda, “Don Álvaro o la fuerza del Sino” del Duque de Rivas (Ángel de Saavedra 1791 – 1865), quien nos entrega una representación de las visiones y realidades de la sociedad española de aquellos tiempos, a través de un dinámico juego de diálogos y personajes en constante tensión dentro de la orientación dramática de la obra.

En nuestra investigación trataremos de desarrollar diferentes claves que se presentan dentro de la historia, con una amalgama de simbolismos y caracterizaciones de diferentes paradigmas.

Caracterizaremos la influencia del Destino como fuerza generadora de un devenir protagónico trágico, así como también la incorporación de un personaje que vislumbra los designios prefigurados por la fuerza del Sino: Preciosilla. Además, identificaremos que el destino posee un carácter propio e independiente y que implícitamente expresa un fundamento de poder social imperante que se corresponde con la idea de percibir a Don Álvaro como un ser estandarte de la alteridad.

Otro punto de análisis que abordaremos es la visión que tienen los personajes de los valores imperantes en la sociedad española de la época, la importancia que para algunos tienen las posesiones económicas y pureza de pureza de sangre, y los valores que Don Álvaro transgrede al suicidarse.


“Don Álvaro, como figura de alteridad, está determinado a un destino fatal”.


Es indudable que si nos referimos al peso existente en la narrativa de Don Álvaro o la fuerza del Sino tenemos que comenzar por abordar la temática del Destino, realidad inseparable frente al hecho de que el suceder narrativo se enlaza completamente con la presencia de éste.

En un comienzo el Sino se encuentra personificado en el personaje de Preciosilla, pues es ésta quien posee la característica de interpretar que nuestro protagonista, Don Álvaro, está marcado por una irrevocable concatenación de sucesos trágicos.

“PRECIOSILLA. Si los señores de Sevilla son vanidad y pobreza todo en una pieza. Don Álvaro es digno de ser marido de una emperadora... ¡Qué gallardo!... ¡Qué formal y qué generoso!... Hace pocos días que le dije la buenaventura (y por cierto no es buena la que le espera si las rayas de la mano no mienten), y me dio una onza de oro como un sol de mediodía.” (De Rivas, Duque. 1998. p. 42)

La cita anterior nos entrega claves para corroborar que el personaje de Don Álvaro estaba predispuesto a una fatalidad. Preciosilla funciona como un mensajero el destino, ella cumple con avisarle a Don Álvaro que su existencia está marcada por una mala estrella que lo perseguirá por siempre, hay que destacar que ella le entrega información abierta, sin puntualizar hechos ni circunstancias puntuales en que se verá involucrado.

La consideración que ella posee hacia Don Álvaro lo ensalza hacia una categoría de héroe, destacando la visión positiva popular que se posee de él como figura de alteridad.

Por otra parte, tenemos que destacar que frente a los avisos del Destino, vehiculados por Preciosilla, Don Álvaro no queda indiferente, agradeciéndolos a través del pago, con este gesto se produce una unión entre los ideales prefigurados por el Destino y lo que le tiene preparado a nuestro protagonista, se transforma en un trato.

A partir de lo anterior comienzan a suceder una seguidilla de situaciones que van gatillando las predicciones de Preciosilla. Debemos considerar que se comienzan a enlazar nuevas ideas referente al concepto de alteridad en la obra, pues la visión entregada por parte de la noble familia de su amada es que él no es más que un hijo de un Inca, lo que lo transporta inmediatamente a un escalafón social inferior dentro de los estamentos considerados como óptimos para pertenecer a una familia de clase alta en la España del siglo XIX, situación perfectamente comprobable en la cita que continúa.

CANÓNIGO. Señor militar, el señor marqués hace muy bien. El caso es sencillísimo. Don Álvaro llegó hace dos meses, nadie sabe quién es. Ha pedido en casamiento a doña Leonor, y el marqués, no juzgándolo buen partido para su hija, se la ha negado. Parece que la señorita estaba encaprichadilla, fascinada, y el padre se la ha llevado al campo, a la hacienda que tiene en el Aljarafe, para distraerla. En todo lo cual el señor marqués se ha comportado como persona prudente. (De Rivas, Duque. 1998. p. 43-44)

De la situación anterior podemos agregar el hecho de que es de conocimiento común y público las verdaderas intensiones del Marqués, frente a los actos de conquista de Don Álvaro, esto habla de la permeabilidad que existe en la información y que los secretos son a voces dentro de la comunidad. Además, reafirmamos el hecho de que existe una polaridad producida entre quienes están a favor de Don Álvaro y quienes apoyan al padre de Leonor. En el primer caso se aprecia una visión innovadora frente a la valorización de las personas por sus características personales, Don Álvaro es un buen partido porque es la visión de otro exitosos a pesar de las fatalidades vividas dentro de su familia y se ha sobrepuesto a ellas. En el segundo caso, está la visión clásica y conservadora de los atributos para pertenecer a la elite de la sociedad española, aspectos que no son compatibles con la otredad de Don Álvaro, quien, para el Marqués, no es más que un desconocido, impuro, aunque con algo de suerte. Podemos destacar que en la sociedad española de aquella época importaban más los aspectos que hacen referencia a la pureza de sangre y a la posesión de algún título que le entregue un cierto grado de nobleza o hidalguía. La contraparte de esta visión es Don Álvaro propiamente tal, esto porque:

“Nótese que don Álvaro no se avergüenza de su origen inca aristocrático; antes bien se enorgullece de él. Lo que no puede reconocer es el elemento indígena como tal de esa identidad. Incluso bajo su identidad “santa” de padre Rafael reacciona con agresividad fuera de tono cuando el hermano Melitón le compara en broma con un mulato o un indio. La aristocracia inca se equipara para él con la aristocracia castellana. (Valero y Zighelboin. 2006. Revista Decimonónica. p. 63)”


Una de las primeras escenas que configuran el trágico destino del personaje es el casual disparo al padre de Doña Leonor, el Marqués de Calatrava, quien muere a causa de este suceso.

Don Álvaro y Doña Leonor se encuentran dentro de su habitación preparando su fuga, que está consensuada de antes, luego del atraso del protagonista el Marqués entra a la habitación, se desarrolla un conflicto con todos los personajes que se encuentran ahí (Don Álvaro, Doña Leonor, El Marqués, Curra y dos criados), los cuales se enfrentan, se lanzan maldiciones a las que Don Álvaro responde valientemente diciendo que es él el culpable de todo y que se entrega a los designios del Marqués, en aquel momento se escapa un tiro de la pistola al lanzarla al suelo y el padre de Leonor es herido de muerte.

Frente a esta funesta casualidad se genera una nueva interpretación de los dichos de Preciosilla, es aquí y ahora donde nuestro protagonista se transforma en un fugitivo de su realidad trágica por esencia.

Este hecho es el que abre un nuevo estado de las cosas, de este hecho en adelante, todo lo que Don Álvaro haga se transforma en un hecho trágico donde el Destino se confabulara en hacer de él un ser torturado, sucediendo incluso momentos en que sin mayores explicaciones se ve libre para luego volver a ser presionado por su Sino fatal.

Otro punto de análisis es el hecho de que Don Álvaro en si no es un personaje marcado por un instinto asesino, pues debemos recordar el hecho de que él salva la vida de Don Carlos, luego del juego con otros personajes. El mestizo le brinda su apoyo, sin pasársele por la cabeza el poder eliminarlo. Esta situación se sustenta a través del desconocimiento recíproco de ellos, con esto confirmamos que el destino ha hecho una nueva jugarreta y ha juntado en una insólita situación a dos enemigos en que uno (Don Carlos), ha jurado la muerte para el otro, en venganza por la muerte de su padre, en que finalmente muere a manos de Don Álvaro en una pelea.

Seguido de esto, existe un cambio psicológico en nuestro protagonista, ya no piensa en la muerte como un enemigo más que indefectiblemente ganará la batalla con el paso de los años, sino que decide ir en su encuentro para librarse de padecer del que es blanco y terminar rápido con su sufrimiento.

El Destino en esta obra nunca ha estado ausente, pues incluso desde antes que se desarrollara la pasión entre Doña Leonor y Don Álvaro, se había planificado que no sería una sencilla y tradicional vida. Si él no se hubiera propuesto el ir a España a recuperar el honor de su familia, nada hubiese sucedido, con esto podemos unir el hecho de que el Sino ya poseía una configuración específica con respecto a desde que momento se comenzaría la lucha constante contra él. En un análisis más profundo podríamos decir que El Destino, toma la forma de un guerrero que espera el nacimiento de Don Álvaro para batirse a duelo y demostrar que es una fuerza superior a la que nadie puede sobreponerse. De esto podemos desprender el hecho de que siempre ha existido un ejercicio del poder por parte de las fuerzas superiores, hay que destacar que por la actividad narrativa que se desarrolla en el texto y el carácter personificado del Destino, no sería extraño que Duque de Rivas tratare de significar distintamente a la imagen del destino y no sería descabellado el pensar de que aquella Fuerza del Sino pudiese corresponder a la sociedad estructuradamente disciplinaria de la época, por lo que las diferentes situaciones a las que se ve enfrentado Don Álvaro no serían otra cosa que las consecuencias preparadas por la sociedad de aquella época como defensa frente a un personaje de alteridad que demuestra nuevas facetas de valorización, un aprecio por parte del pueblo, deslegitimizando la importancia de la nobleza como entes reguladores del poder y de la sociedad.

El carácter de otredad, desde la perspectiva anterior que planteamos no tiene otra opción más que ser lo segregado por el Destino, destacamos el hecho de que frente a la alteridad existen dos caminos que pueden ser abordados, uno es que el personaje en cuestión se moldee según la perspectiva social aceptando todo sin objeciones , y una segunda correspondería a que sólo sea excluido de la sociedad, sin importar que tan amplia sea la resistencia que exprese, ni por cuanto tiempo la mantenga, de todas formas la sociedad y la comunidad que ejerce el poder se encargará de callar esta situación.


Frente a esto, esta obra plantea un nuevo camino, pues Don Álvaro no se entrega al sistema hegemónico predominante, ni se aísla de él, sino que opta por una opción distinta, no menos extremista, pero que demuestra la mantención hasta último minuto de sus valores y principios.

Cabe destacar que el sino trágico no sólo afecta a don Álvaro, sino también a doña Leonor, pues ésta al igual que el protagonista ha sido predestinada a la fatalidad. La madre de Preciosilla ha anunciado que la fortuna de esta joven será trágica: “PRECIOSILLA. ¡Pobre niña!... ¡Qué linda que es, y qué salada!... Negra suerte le espera... Mi madre la dijo la buenaventura, recién nacida, y siempre que la nombra se le saltan las lágrimas... Pues el generoso don Álvaro...” (De Rivas, Duque. 1998. p. 45). Este hecho se comprueba con el trágico final de doña Leonor, pues ésta después haber permanecido oculta a los ojos de la sociedad, se reencuentra con Don Álvaro y don Alfonso (su hermano) mientras ellos están discutiendo. Don Alfonso, cree que su hermana y su seductor siempre habían estado en contacto y decide quitarle la vida, con lo que se acabarían las posibilidades de felicidad para ambos personajes.


El suceso anterior desencadenará la inesperada decisión del suicidio de don Álvaro, quien tras asesinar al hermano de Leonor no encuentra un punto de fuga para librarse de la condena de su Sino trágico, por lo cual desecha todas las opciones de encontrar su felicidad optando, por quitarse la vida y así terminar con todas las trágicas jugadas que el destino le ha trazado, como se destaca a continuación:

“El suicidio de don Álvaro es, en esta tesitura, el único punto en común entre su corazón y su cabeza. En ese crisol en que el dolor, al mezclarse con la enajenación, produce la desesperación del individuo, su soledad es absoluta. y donde no cabe consuelo, deviene ingenua pertinencia la vulgar creencia de que un tiempo todo lo cura, o en un más allá que acogerá a los elegidos. El hombre desesperado es un ser en estado de naturaleza psicológico, puramente amoral, y ante un ser fuera de sí, y por consiguiente fuera de la sociedad –que la desesperación, en su abominación de ella, confunde con “el mundo” – que pueden ser su historia, su presente o futuro relativo a los otros dos: solo el precipicio, la muerte, logra consolar a quien le duele tanto su vida que ya no la siente, y comprender las razones de quien carece de sentido. Don Álvaro muere por que la estructural sinrazón de su sociedad, que no deja espacio a la mitad de la raza humana, el corazón, coherentemente le ha arrebatado su amor: y esa muerte del amor, la verdad más plena de sur ser, le mata el mundo. La muerte es la única justicia que cabe al amante hacer al mundo cuando el amor no cabe en él” (Hermosa, 2002. Revista Araucaria. p. 15)


Tenemos que destacar que la decisión por la que opta nuestro protagonista responde a un acto desesperado frente al asedio incesante del Destino, quien no se cansa de enfrentar a Don Álvaro con el golpe de la realidad, expresando su carácter de alteridad. Es él quien se encarga, al manipular el devenir del personaje principal logrando por su desarrollo novelesco ir construyéndose en un personaje de alteridad que está en un constante conflicto con la sociedad dominante por formar parte de la otredad por antonomasia, hecho que se contrapone debido a que el pueblo no lo etiqueta como otro, sino que se encarga de ensalzarlo como un ejemplo de superación y honor.

CONCLUSIÓN

Una vez que hemos analizado la historia de Don Álvaro, correspondiente a los niveles expresados a través de la investigación podemos concluir que, en una primera instancia Don Álvaro es el personaje figura de la alteridad por excelencia dentro del período romántico español. Él desarrolla sus vivencias centrándose en el cumplimiento de dos grandes propuestas personales, las que aprecia como rectoras de su existir y de las que siente una completa necesidad de lograr. Una de ellas es la recuperación de la honra de su familia, y la segunda corresponde a conseguir su ideal de amor por parte de un compromiso con Doña Leonor Vargas, hija del Marqués de Calatrava.

Todas sus expectativas se ven coartadas por la influencia y participación de una fuerza significada como metafísica a la que se le denomina Destino, un impulso que desde siempre ha existido, y como proponemos en la investigación, respondería a una metáfora utilizada por el Duque de Rivas para expresar que la sociedad disciplinaria de aquellos años era indiscutiblemente superior a través del ejercicio efusivo del poder como controlador social, quienes se encargan de delimitar la influencia de la otredad representada por Don Álvaro, un personaje que deviene en un ser, marginal para la sociedad, producto de su condición de mestizo.

Es por la constante irrupción de aquella fuerza a la que se le entregan ribetes personificados, que obligan a que nuestro protagonista opte por una decisión inesperada y sorpresiva, no aceptando las opciones entregadas por la sociedad, en las que se encontraban aceptar lo propuesto por la sociedad y mantenerse en el completo aislamiento, sino que más bien busca una nueva alternativa de fuga para la realidad que vive, optando por el suicidio como método liberador de su constante sufrimiento.
BIBLIOGRAFÍA

· Barberá, Ester y Martínez Benlloch, Isabel. 2004. Psicología y Género. Madrid. Pearson Practice Hall.
· De Rivas, Duque (Ángel de Saavedra). 1998. Don Álvaro o la Fuerza del Sino. España. Editorial Alba.
· Grau, Olga y otras. 1997. Discurso, Género y Poder. Discursos Públicos: Chile 1978- 1993. Santiago. LOM-ARCIS.

Consultas en Internet.

· Hermosa, Antonio. 2002 “Tragedias del Honor (amor, honor y destino en Don Álvaro o la Fuerza de Sino)” En:
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/282/28230502.pdf

· Valero, José y Zighelboim, Stephanie. 2006. “Don Álvaro o la Fuerza del Sino” En: http://www.decimononica.org/VOL_3.1/Valero_y_Zighelboim_V3.1.pdf

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