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sábado, 25 de octubre de 2008

Escritura y Sujeto en Demian de Hermann Hesse

Indiscutiblemente, al enfrentarnos a la lectura de un texto, cualquiera sea su naturaleza, nos encontramos ante una gran gama de posibilidades de interpretación, las que sin duda condicionan la recepción que tengamos de dicho texto. En este caso, y frente al importante número de alternativas de análisis que nos ofrece Demian de Hermann Hesse, hemos decidido abocarnos al estudio de la Escritura y del Sujeto, planteando para ello la tesis de que Emil Sinclair, personaje principal de la obra, está en un constante proceso de devenir, relacionado con la búsqueda de su identidad dentro de un mundo dual.
Uno de los principales argumentos que nos impulsaron a plantear esta tesis, es la evidente transformación que sufre Emil Sinclair a lo largo de la obra. Desde su infancia, él sabe que fuera del mundo de la luz, el cual está constituido por sus padres y sus hermanas, existe otro mundo, en donde se desenvuelve todo aquello que considera ajeno: la maldad, la mentira, el pecado, etc. En determinado momento se produce un quiebre en su vida, lo que provoca que casi sin darse cuenta salga del seguro mundo en el que se encontraba, y se sitúe dentro de aquella dimensión funesta donde se siente constantemente amenazado y vulnerable al castigo divino:
“Llevaba en las botas barro que no podía limpiar en el felpudo, y traía conmigo sombras de las que el mundo del hogar nada sabía. Cuantos secretos y temores había yo tenido, habían sido un juego y una broma comparado con lo que traía hoy a estas habitaciones. El destino me perseguía; hacia mí se tendían unas manos de las que mi madre no podía protegerme y de las que nada debía saber. Que mi delito fuera hurto o mentira -¿no había jurado por Dios y mi salvación?- importaba poco. Mi pecado no era esto o aquello; mi pecado era haber dado la mano al diablo. ¿Por qué había ido con ellos? ¿Por qué había obedecido a Kromer en vez de a mi padre? ¿Por qué había inventado la historia del robo? ¿Por qué me había vanagloriado de un delito como si se tratara de una hazaña? Ahora el diablo me tenía agarrado por la mano; ahora el enemigo me perseguía.” (Hesse, 1970, p 24)

El párrafo anteriormente citado, nos muestra el recurrente cuestionamiento que hace el pequeño Emil sobre su situación. Es importante destacar que resulta bastante sorprendente que el personaje, teniendo aproximadamente diez años, posea tal grado de complejidad en sus pensamientos. Esto revela que Sinclair era un niño de características singulares, no comunes para su edad, lo que ya actúa como antecedente para el curso que tomará su vida, una vida llena de cuestionamientos e interrogantes.


LA BÚSQUEDA DE SENTIDO

Como hemos señalado anteriormente, el joven Sinclair nos muestra una evidente transformación a medida que se desarrolla el acontecer de la obra. Creemos que este cambio se sustenta en las bases de una búsqueda de identidad por parte del personaje, lo cual le lleva a realizar diversas acciones que lo llevan por caminos inimaginables.
Con los años, Emil Sinclair manifiesta interés por ciertas actividades que le permiten desenvolverse dentro de diferentes ambientes, como por ejemplo, la música, la literatura, el mundo bohemio, etc.:
“Me puse a hacer un nuevo dibujo del ave heráldica. No recordaba muy bien su verdadero aspecto; sabía que muchos detalles ya no se reconocían, porque el escudo era viejo y había sido pintado varias veces. El pájaro estaba posado sobre algo: una flor, un cesto, un nido o una copa de árbol. No me importaba demasiado y comencé a pintar lo que recordaba claramente. Por un impulso indeterminado comencé en seguida con colores fuertes. La cabeza era en mi dibujo amarilla. Fui pintando según el humor que tuviera y acabé al cabo de unos días.
Resultó un ave de rapiña con una afilada y audaz cabeza de gavilán, con medio cuerpo dentro de una bola del mundo oscura, de la que surgía como de un huevo gigantesco, sobre un fondo azul. Mientras más miraba mi obra, más me parecía que era el escudo coloreado que había visto en mi sueño.” (Hesse, 1970, p)


“En mis paseos por la ciudad había oído una o dos veces música de órgano en una pequeña iglesia de las afueras, pero nunca me había detenido a escucharla. Al volver a pasar por allí, me paré a oír aquella música y reconocí que era de Bach. Me acerqué a la puerta, que encontré cerrada; y como la calleja estaba casi desierta, me senté en un poyo junto a la iglesia, me subí el cuello del abrigo y me puse a escuchar. El órgano no era grande pero sonaba bien y alguien tocaba de una manera muy especial, con una expresión muy personal de voluntad e insistencia que sonaba como una oración. Tuve la sensación de que quien tocaba sabía que la música guardaba un tesoro y se esforzaba, afanaba y preocupaba por él como si se tratara de su propia vida. Técnicamente no entiendo mucho de música; pero desde muy niño he comprendido instintivamente esta expresión del alma y he sentido siempre la música como la cosa más natural en mí.” (Hesse, 1970, p)


Sin duda, son muchas las situaciones nuevas que el protagonista vive en el camino de su vida. Mas todos estos cambios no son gratuitos, su existencia da un giro en el momento en que conoce a Max Demian, alumno nuevo que llega a su colegio y que se constituía en todo un personaje misterioso, al que se le atribuían una serie de poderes casi sobrenaturales.
Si bien Demian se constituye en eje principal del curso que toma la vida de nuestro protagonista, debemos tener en cuenta que ya Sinclair tenía parte del camino recorrido hacia su devenir en otro desde el momento en que se halla vulnerable frente al mundo oscuro que creía ajeno, y que hace tambalear las bases de su formación familiar.
Otro de los pilares que constituyen la búsqueda de indentidad de Emil es el cuestionamiento religioso-filosófico que surge a partir del descubrimiento de la doctrina de Abraxas , la cual tiene como dios a un ser que cumple la función simbólica de unir lo divino y lo demoníaco. Otra vez no encontramos frente a esta realidad: Emil Sinclair ante dos caminos, ante dos mundos, como en un inicio de la obra; y posteriormente tendrá que enfrentarse otro importante número de veces ante la complejidad de saberse en un mundo dual.
Se ha señalado en ciertos estudios que se centran en la obra de Hesse, que el autor alemán se vio fuertemente influenciado por los planteamientos del psiquiatra suizo Carl Jung, y que dicha influencia se manifiesta con mayor intensidad en Demian.
Dentro de los postulados de Jung, se desarrolla la idea de Arquetipos, los cuales serían los contenidos del inconsciente colectivo, el que a su vez es una de las partes que constituyen la psique según su teoría. Uno de los arquetipos nombrados es el de Persona:

“La persona representa nuestra imagen pública. La palabra, obviamente, está relacionada con el término persona y personalidad y proviene del latín que significa máscara. Por tanto, la persona es la máscara que nos ponemos antes de salir al mundo externo. Aunque se inicia siendo un arquetipo, con el tiempo vamos asumiéndola, llegando a ser la parte de nosotros más distantes del inconsciente colectivo.
En su mejor presentación, constituye la “buena impresión” que todos queremos brindar al satisfacer los roles que la sociedad nos exige. Pero, en su peor cara, puede confundirse incluso por nosotros mismos, de nuestra propia naturaleza. Algunas veces llegamos a creer que realmente somos lo que pretendemos ser.” (Boeree, 1998)


Vemos que Emil Sinclair intenta romper esta concepción de persona como máscara, en la medida en que comprende que la identidad asignada por el poder no es la que quiere para su vida. Valora todo lo bueno que le fue entregado (la educación de sus padres, la experiencias de vida, etc.), pero la necesidad de encontrar su identidad es irrefrenable. Sin embargo, mirándolo desde cierto punto, Emil no logra desligarse completamente de las marcas de poder impuestas por la sociedad, de ahí su constante conflicto interno, y de ahí también que, casi al final de la obra se nos cuente que Sinclair acude como soldado a la guerra sin oponer resistencia, teniendo en cuenta que las fuerzas militares representan disciplina y poder sobre la corporalidad. No obstante, podemos comprender este acontecimiento como sentimiento de aceptación de un destino colectivo que debía enfrentarse.

Abocándonos ahora en específico a la vida de Carl Jung y no a su teoría (aunque lógicamente entre una y otra existe estrecha relación), debemos señalar que en un momento de su vida tuvo un sueño que lo marcó: vio la ciudad inundada y destruida, y a personas muriendo ahogadas en agua que se volvía sangre. Este sueño podría no tener mayor importancia, si no consideráramos el nivel de turbación que produjo en el pensador, y más aún, si no otorgáramos importancia al hecho de que Jung tuvo esta horrible pesadilla meses antes de que estallara la Primera Guerra Mundial. Este acontecimiento fue sucedido por una serie de hechos similares que llevaron al psiquiatra suizo a desarrollar la pintura, el dibujo y la escultura. Es en este punto en donde hallamos una analogía con Demian: Emil, por una parte, es marcado por el particular sueño que ha tenido, en donde ve a Demian sosteniendo un escudo que muestra un ave emergiendo de un mundo oscuro, como si fuera un huevo. Esta imagen tendrá posteriormente una serie de implicancias en su vida, y le llevará a comprender la existencia de Abraxas por medio de su amigo Pistorius. Además, cabe señalar que Emil sueña con Frau Eva antes de haberla conocido.
Por otra parte, se hace evidente la semejanza entre la experiencia de Jung y la capacidad que posee Max Demian de tener sueños premonitorios y visiones que le permiten prepararse para lo que vendrá.


EL ENFRENTAMIENTO A UN MUNDO DUAL

George Boeree (1998) nos dice respecto a Ánima y Ánimus, otro de los Arquetipos de Jung, lo siguiente:
“El ánima es el aspecto femenino presente en el inconsciente colectivo de los hombres y el ánimus es el aspecto masculino presente en el inconsciente colectivo de la mujer. Unidos se les conoce como syzygy. El anima puede estar representada (personificada) como una joven chica, muy espontánea e intuitiva, o como una bruja, o como la madre tierra. Usualmente se asocia con una emocionalidad profunda y con la fuerza de la vida misma. El animus puede personificarse como un viejo sabio, un guerrero, o usualmente como un grupo de hombres, y tiende a ser lógico, muchas veces racionalista e incluso argumentativo.
El ánima y el ánimus son los arquetipos a través de los cuales nos comunicamos con el inconsciente colectivo en general y es importante llegar a contactar con él. Es también el arquetipo responsable de nuestra vida amorosa: como sugiere un mito griego, estamos siempre buscando nuestra otra mitad; esa otra mitad que los Dioses nos quitaron, en los miembros del sexo opuesto. Cuando nos enamoramos a primera vista, nos hemos topado con algo que ha llenado nuestro arquetipo ánima o ánimus particularmente bien.”


Lo anteriormente mencionado se articula muy bien con las relaciones que establece Emil Sinclair con Demian y con Frau Eva. En primer lugar, nos encontramos con un Max Demian que cuenta con una sensibilidad femenina muy desarrollada, y en segundo lugar, su madre, Frau Eva, cuenta con características que la configuran como una mujer de rasgos masculinos, que se conjugan con su imagen delicada y a veces dulce.
En una primera instancia, la relación entre Max, su madre y Emil puede resultarle confusa al lector, y presentarse con ribetes de ambigüedad que incluso le pueden hacer pensar en un sentimiento homosexual entre Sinclair y Demian, o en una confusión de sus intereses amorosos por parte de Emil al sentirse atraído por una mujer de rasgos masculinos. Sin descartar la viabilidad de estas lecturas, creemos que esta primera impresión se debe a la no-profundización de la temática de la dualidad en el texto. Una vez que se ha percibido lo que significa que el acontecer esté inserto en un mundo claramente binario, se entiende que la interioridad misma de los personajes cuenta con dos caras, y esto lejos de ser negativo, se vuelve enriquecedor y armoniza con la intención de transmitir la idea de que nada es enteramente bueno y nada es enteramente malo, porque todo en el mundo tiene una cara positiva y una negativa.
Creemos relevante en este punto detenernos en Frau Eva, por la intensidad del sentimiento que Emil profesa por ella, y por lo que ella como persona implica. Uno de los arquetipos de Jung, al Arquetipo materno, se ajusta al rol que cumple esta enigmática mujer en la vida de nuestro protagonista. Este postulado realza la importancia que tiene en la vida de todo ser la figura materna. De este modo, Jung simboliza este arquetipo con la madre primordial o “madre tierra” de la mitología; con Eva y María en las tradiciones occidentales y con otros símbolos menos personalizados como la iglesia, la nación, un bosque o el océano. A raíz de esto, pensamos que no es gratuito el hecho de que esta mujer tan importante para Sinclair se llame Frau Eva. Ella remite a los orígenes, es a la vez madre y mujer amada para el joven, es la conjugación de todos sus deseos y todos su temores, porque dentro de ella habita la divinidad y lo demoníaco, al igual que en Abraxas. Toda la vida de Emil Sinclair se carga de esta dualidad, y él tiene la clave para comprender, gracias a Demian, que no puede ser de otra manera, y que si alguna vez lo ha sido, sólo fue consecuencia de la visión sesgada que suele tener el ser humano de las cosas, fue pura ilusión.


CONCLUSIÓN

Los planteamientos expuestos y desarrollados en las páginas anteriores no tienen otro propósito que confirmar el proceso de devenir que vive el protagonista de la obra analizada. Si bien no nos es posible determinar en qué deviene Emil, o clasificarlo en una nueva categoría, sabemos que se vuelve un Otro, en la medida en que ya no es el mismo que era en su infancia y primera juventud, y además, se constituye en alteridad pues transgrede los principios fundamentales de la época en cuanto a religión, filosofía e incluso sentimientos. Si bien es cierto, siempre en las sociedades occidentales ha existido conciencia de la existencia de binarismos en todo orden de cosas, tradicionalmente se ha pensado que sus componentes están muy separados, que el bien dista mucho de el mal, que no puede haber noche habiendo día, que se es hombre o se es mujer, sin términos medios. De este modo pensaba también Emil cuando era niño. ¿Será que, una de las lecturas posibles permite pensar que el Sinclair niño representa a la sociedad actual, la que aún no ha alcanzado la madurez necesaria para comprender la complejidad de los fenómenos duales que siempre han existido y siempre existirán mientras exista vida?
Sin duda, en nuestros tiempos la lectura de esta novela genera un ejercicio de pensamiento importantísimo, a pesar de haber sido escrita hace casi 90 años y reflejar una realidad histórica y temporal distinta. En muchos sentidos, Demian es una novela libre de las ataduras del tiempo, porque nos presenta problemáticas que se pueden dar en diferentes períodos de la historia del hombre; el ser humano nunca dejará –esperamos que no lo haga- de plantearse preguntas y de intentar encontrar un sentido.
Es importante destacar, al concluir, que la mayoría de las interpretaciones de las que ha sido objeto la novela, sitúan a Demian y a Emil como “un solo ser”, una misma existencia representada por un hombre superior, casi irreal, y por otro hombre, situado en la vida real, con las ventajas y desventajas de todo ser humano. Uno de los fragmentos en que se representa claramente esta relación, es en el final de la obra, en donde Demian dice a Emil que aunque no esté físicamente con él, sólo debe mirar dentro de sí para sentirlo cerca cuando lo necesite. El dualismo está presente en Demian y Emil mismos, ellos son uno solo; a partir de esta verdad todo se ve y se comprende diferente, la vida se configura de otra manera, y la visión de ésta sin duda se amplía.

“- ¡Pequeño Sinclair, escucha! Voy a tener que marcharme. Quizá vuelvas a necesitarme un día, contra Kromer o contra otro. Si me llamas, ya no acudiré tan toscamente a caballo o en tren. Tendrás que escuchar en tu interior y notarás que estoy dentro de ti, ¿comprendes? ¡Otra cosa! Frau Eva me dijo que si alguna vez te iba mal, te diera el beso que ella me dio para ti... ¡Cierra los ojos, Sinclair!
Cerré obediente los ojos y sentí un beso leve sobre mis labios, en los que seguía teniendo un poco de sangre, que parecía no querer desaparecer nunca. Entonces me dormí.
Por la mañana me despertaron para curarme. Cuando estuve despierto del todo, me volví rápidamente hacia el colchón vecino. Sobre él yacía un hombre extraño al que nunca había visto.
La cura fue muy dolorosa. Todo lo que me sucedió desde aquel día fue doloroso. Pero, a veces, cuando encuentro la clave y desciendo a mi interior, donde descansan, en un oscuro espejo, las imágenes del destino, no tengo más que inclinarme sobre el negro espejo para ver mi propia imagen, que ahora se asemeja totalmente a él, mi amigo y guía.” (Hesse, 1970, p)

viernes, 24 de octubre de 2008

“ Don Álvaro, como figura de alteridad, está determinado a un destino fatal”.

Problemática del destino en: Don Álvaro o la fuerza del Sino
Duque de Rivas


INTRODUCCIÓN

Dentro del período romántico realista, una de las obras cumbres iniciales de la literatura española de este período es sin duda, “Don Álvaro o la fuerza del Sino” del Duque de Rivas (Ángel de Saavedra 1791 – 1865), quien nos entrega una representación de las visiones y realidades de la sociedad española de aquellos tiempos, a través de un dinámico juego de diálogos y personajes en constante tensión dentro de la orientación dramática de la obra.

En nuestra investigación trataremos de desarrollar diferentes claves que se presentan dentro de la historia, con una amalgama de simbolismos y caracterizaciones de diferentes paradigmas.

Caracterizaremos la influencia del Destino como fuerza generadora de un devenir protagónico trágico, así como también la incorporación de un personaje que vislumbra los designios prefigurados por la fuerza del Sino: Preciosilla. Además, identificaremos que el destino posee un carácter propio e independiente y que implícitamente expresa un fundamento de poder social imperante que se corresponde con la idea de percibir a Don Álvaro como un ser estandarte de la alteridad.

Otro punto de análisis que abordaremos es la visión que tienen los personajes de los valores imperantes en la sociedad española de la época, la importancia que para algunos tienen las posesiones económicas y pureza de pureza de sangre, y los valores que Don Álvaro transgrede al suicidarse.


“Don Álvaro, como figura de alteridad, está determinado a un destino fatal”.


Es indudable que si nos referimos al peso existente en la narrativa de Don Álvaro o la fuerza del Sino tenemos que comenzar por abordar la temática del Destino, realidad inseparable frente al hecho de que el suceder narrativo se enlaza completamente con la presencia de éste.

En un comienzo el Sino se encuentra personificado en el personaje de Preciosilla, pues es ésta quien posee la característica de interpretar que nuestro protagonista, Don Álvaro, está marcado por una irrevocable concatenación de sucesos trágicos.

“PRECIOSILLA. Si los señores de Sevilla son vanidad y pobreza todo en una pieza. Don Álvaro es digno de ser marido de una emperadora... ¡Qué gallardo!... ¡Qué formal y qué generoso!... Hace pocos días que le dije la buenaventura (y por cierto no es buena la que le espera si las rayas de la mano no mienten), y me dio una onza de oro como un sol de mediodía.” (De Rivas, Duque. 1998. p. 42)

La cita anterior nos entrega claves para corroborar que el personaje de Don Álvaro estaba predispuesto a una fatalidad. Preciosilla funciona como un mensajero el destino, ella cumple con avisarle a Don Álvaro que su existencia está marcada por una mala estrella que lo perseguirá por siempre, hay que destacar que ella le entrega información abierta, sin puntualizar hechos ni circunstancias puntuales en que se verá involucrado.

La consideración que ella posee hacia Don Álvaro lo ensalza hacia una categoría de héroe, destacando la visión positiva popular que se posee de él como figura de alteridad.

Por otra parte, tenemos que destacar que frente a los avisos del Destino, vehiculados por Preciosilla, Don Álvaro no queda indiferente, agradeciéndolos a través del pago, con este gesto se produce una unión entre los ideales prefigurados por el Destino y lo que le tiene preparado a nuestro protagonista, se transforma en un trato.

A partir de lo anterior comienzan a suceder una seguidilla de situaciones que van gatillando las predicciones de Preciosilla. Debemos considerar que se comienzan a enlazar nuevas ideas referente al concepto de alteridad en la obra, pues la visión entregada por parte de la noble familia de su amada es que él no es más que un hijo de un Inca, lo que lo transporta inmediatamente a un escalafón social inferior dentro de los estamentos considerados como óptimos para pertenecer a una familia de clase alta en la España del siglo XIX, situación perfectamente comprobable en la cita que continúa.

CANÓNIGO. Señor militar, el señor marqués hace muy bien. El caso es sencillísimo. Don Álvaro llegó hace dos meses, nadie sabe quién es. Ha pedido en casamiento a doña Leonor, y el marqués, no juzgándolo buen partido para su hija, se la ha negado. Parece que la señorita estaba encaprichadilla, fascinada, y el padre se la ha llevado al campo, a la hacienda que tiene en el Aljarafe, para distraerla. En todo lo cual el señor marqués se ha comportado como persona prudente. (De Rivas, Duque. 1998. p. 43-44)

De la situación anterior podemos agregar el hecho de que es de conocimiento común y público las verdaderas intensiones del Marqués, frente a los actos de conquista de Don Álvaro, esto habla de la permeabilidad que existe en la información y que los secretos son a voces dentro de la comunidad. Además, reafirmamos el hecho de que existe una polaridad producida entre quienes están a favor de Don Álvaro y quienes apoyan al padre de Leonor. En el primer caso se aprecia una visión innovadora frente a la valorización de las personas por sus características personales, Don Álvaro es un buen partido porque es la visión de otro exitosos a pesar de las fatalidades vividas dentro de su familia y se ha sobrepuesto a ellas. En el segundo caso, está la visión clásica y conservadora de los atributos para pertenecer a la elite de la sociedad española, aspectos que no son compatibles con la otredad de Don Álvaro, quien, para el Marqués, no es más que un desconocido, impuro, aunque con algo de suerte. Podemos destacar que en la sociedad española de aquella época importaban más los aspectos que hacen referencia a la pureza de sangre y a la posesión de algún título que le entregue un cierto grado de nobleza o hidalguía. La contraparte de esta visión es Don Álvaro propiamente tal, esto porque:

“Nótese que don Álvaro no se avergüenza de su origen inca aristocrático; antes bien se enorgullece de él. Lo que no puede reconocer es el elemento indígena como tal de esa identidad. Incluso bajo su identidad “santa” de padre Rafael reacciona con agresividad fuera de tono cuando el hermano Melitón le compara en broma con un mulato o un indio. La aristocracia inca se equipara para él con la aristocracia castellana. (Valero y Zighelboin. 2006. Revista Decimonónica. p. 63)”


Una de las primeras escenas que configuran el trágico destino del personaje es el casual disparo al padre de Doña Leonor, el Marqués de Calatrava, quien muere a causa de este suceso.

Don Álvaro y Doña Leonor se encuentran dentro de su habitación preparando su fuga, que está consensuada de antes, luego del atraso del protagonista el Marqués entra a la habitación, se desarrolla un conflicto con todos los personajes que se encuentran ahí (Don Álvaro, Doña Leonor, El Marqués, Curra y dos criados), los cuales se enfrentan, se lanzan maldiciones a las que Don Álvaro responde valientemente diciendo que es él el culpable de todo y que se entrega a los designios del Marqués, en aquel momento se escapa un tiro de la pistola al lanzarla al suelo y el padre de Leonor es herido de muerte.

Frente a esta funesta casualidad se genera una nueva interpretación de los dichos de Preciosilla, es aquí y ahora donde nuestro protagonista se transforma en un fugitivo de su realidad trágica por esencia.

Este hecho es el que abre un nuevo estado de las cosas, de este hecho en adelante, todo lo que Don Álvaro haga se transforma en un hecho trágico donde el Destino se confabulara en hacer de él un ser torturado, sucediendo incluso momentos en que sin mayores explicaciones se ve libre para luego volver a ser presionado por su Sino fatal.

Otro punto de análisis es el hecho de que Don Álvaro en si no es un personaje marcado por un instinto asesino, pues debemos recordar el hecho de que él salva la vida de Don Carlos, luego del juego con otros personajes. El mestizo le brinda su apoyo, sin pasársele por la cabeza el poder eliminarlo. Esta situación se sustenta a través del desconocimiento recíproco de ellos, con esto confirmamos que el destino ha hecho una nueva jugarreta y ha juntado en una insólita situación a dos enemigos en que uno (Don Carlos), ha jurado la muerte para el otro, en venganza por la muerte de su padre, en que finalmente muere a manos de Don Álvaro en una pelea.

Seguido de esto, existe un cambio psicológico en nuestro protagonista, ya no piensa en la muerte como un enemigo más que indefectiblemente ganará la batalla con el paso de los años, sino que decide ir en su encuentro para librarse de padecer del que es blanco y terminar rápido con su sufrimiento.

El Destino en esta obra nunca ha estado ausente, pues incluso desde antes que se desarrollara la pasión entre Doña Leonor y Don Álvaro, se había planificado que no sería una sencilla y tradicional vida. Si él no se hubiera propuesto el ir a España a recuperar el honor de su familia, nada hubiese sucedido, con esto podemos unir el hecho de que el Sino ya poseía una configuración específica con respecto a desde que momento se comenzaría la lucha constante contra él. En un análisis más profundo podríamos decir que El Destino, toma la forma de un guerrero que espera el nacimiento de Don Álvaro para batirse a duelo y demostrar que es una fuerza superior a la que nadie puede sobreponerse. De esto podemos desprender el hecho de que siempre ha existido un ejercicio del poder por parte de las fuerzas superiores, hay que destacar que por la actividad narrativa que se desarrolla en el texto y el carácter personificado del Destino, no sería extraño que Duque de Rivas tratare de significar distintamente a la imagen del destino y no sería descabellado el pensar de que aquella Fuerza del Sino pudiese corresponder a la sociedad estructuradamente disciplinaria de la época, por lo que las diferentes situaciones a las que se ve enfrentado Don Álvaro no serían otra cosa que las consecuencias preparadas por la sociedad de aquella época como defensa frente a un personaje de alteridad que demuestra nuevas facetas de valorización, un aprecio por parte del pueblo, deslegitimizando la importancia de la nobleza como entes reguladores del poder y de la sociedad.

El carácter de otredad, desde la perspectiva anterior que planteamos no tiene otra opción más que ser lo segregado por el Destino, destacamos el hecho de que frente a la alteridad existen dos caminos que pueden ser abordados, uno es que el personaje en cuestión se moldee según la perspectiva social aceptando todo sin objeciones , y una segunda correspondería a que sólo sea excluido de la sociedad, sin importar que tan amplia sea la resistencia que exprese, ni por cuanto tiempo la mantenga, de todas formas la sociedad y la comunidad que ejerce el poder se encargará de callar esta situación.


Frente a esto, esta obra plantea un nuevo camino, pues Don Álvaro no se entrega al sistema hegemónico predominante, ni se aísla de él, sino que opta por una opción distinta, no menos extremista, pero que demuestra la mantención hasta último minuto de sus valores y principios.

Cabe destacar que el sino trágico no sólo afecta a don Álvaro, sino también a doña Leonor, pues ésta al igual que el protagonista ha sido predestinada a la fatalidad. La madre de Preciosilla ha anunciado que la fortuna de esta joven será trágica: “PRECIOSILLA. ¡Pobre niña!... ¡Qué linda que es, y qué salada!... Negra suerte le espera... Mi madre la dijo la buenaventura, recién nacida, y siempre que la nombra se le saltan las lágrimas... Pues el generoso don Álvaro...” (De Rivas, Duque. 1998. p. 45). Este hecho se comprueba con el trágico final de doña Leonor, pues ésta después haber permanecido oculta a los ojos de la sociedad, se reencuentra con Don Álvaro y don Alfonso (su hermano) mientras ellos están discutiendo. Don Alfonso, cree que su hermana y su seductor siempre habían estado en contacto y decide quitarle la vida, con lo que se acabarían las posibilidades de felicidad para ambos personajes.


El suceso anterior desencadenará la inesperada decisión del suicidio de don Álvaro, quien tras asesinar al hermano de Leonor no encuentra un punto de fuga para librarse de la condena de su Sino trágico, por lo cual desecha todas las opciones de encontrar su felicidad optando, por quitarse la vida y así terminar con todas las trágicas jugadas que el destino le ha trazado, como se destaca a continuación:

“El suicidio de don Álvaro es, en esta tesitura, el único punto en común entre su corazón y su cabeza. En ese crisol en que el dolor, al mezclarse con la enajenación, produce la desesperación del individuo, su soledad es absoluta. y donde no cabe consuelo, deviene ingenua pertinencia la vulgar creencia de que un tiempo todo lo cura, o en un más allá que acogerá a los elegidos. El hombre desesperado es un ser en estado de naturaleza psicológico, puramente amoral, y ante un ser fuera de sí, y por consiguiente fuera de la sociedad –que la desesperación, en su abominación de ella, confunde con “el mundo” – que pueden ser su historia, su presente o futuro relativo a los otros dos: solo el precipicio, la muerte, logra consolar a quien le duele tanto su vida que ya no la siente, y comprender las razones de quien carece de sentido. Don Álvaro muere por que la estructural sinrazón de su sociedad, que no deja espacio a la mitad de la raza humana, el corazón, coherentemente le ha arrebatado su amor: y esa muerte del amor, la verdad más plena de sur ser, le mata el mundo. La muerte es la única justicia que cabe al amante hacer al mundo cuando el amor no cabe en él” (Hermosa, 2002. Revista Araucaria. p. 15)


Tenemos que destacar que la decisión por la que opta nuestro protagonista responde a un acto desesperado frente al asedio incesante del Destino, quien no se cansa de enfrentar a Don Álvaro con el golpe de la realidad, expresando su carácter de alteridad. Es él quien se encarga, al manipular el devenir del personaje principal logrando por su desarrollo novelesco ir construyéndose en un personaje de alteridad que está en un constante conflicto con la sociedad dominante por formar parte de la otredad por antonomasia, hecho que se contrapone debido a que el pueblo no lo etiqueta como otro, sino que se encarga de ensalzarlo como un ejemplo de superación y honor.

CONCLUSIÓN

Una vez que hemos analizado la historia de Don Álvaro, correspondiente a los niveles expresados a través de la investigación podemos concluir que, en una primera instancia Don Álvaro es el personaje figura de la alteridad por excelencia dentro del período romántico español. Él desarrolla sus vivencias centrándose en el cumplimiento de dos grandes propuestas personales, las que aprecia como rectoras de su existir y de las que siente una completa necesidad de lograr. Una de ellas es la recuperación de la honra de su familia, y la segunda corresponde a conseguir su ideal de amor por parte de un compromiso con Doña Leonor Vargas, hija del Marqués de Calatrava.

Todas sus expectativas se ven coartadas por la influencia y participación de una fuerza significada como metafísica a la que se le denomina Destino, un impulso que desde siempre ha existido, y como proponemos en la investigación, respondería a una metáfora utilizada por el Duque de Rivas para expresar que la sociedad disciplinaria de aquellos años era indiscutiblemente superior a través del ejercicio efusivo del poder como controlador social, quienes se encargan de delimitar la influencia de la otredad representada por Don Álvaro, un personaje que deviene en un ser, marginal para la sociedad, producto de su condición de mestizo.

Es por la constante irrupción de aquella fuerza a la que se le entregan ribetes personificados, que obligan a que nuestro protagonista opte por una decisión inesperada y sorpresiva, no aceptando las opciones entregadas por la sociedad, en las que se encontraban aceptar lo propuesto por la sociedad y mantenerse en el completo aislamiento, sino que más bien busca una nueva alternativa de fuga para la realidad que vive, optando por el suicidio como método liberador de su constante sufrimiento.
BIBLIOGRAFÍA

· Barberá, Ester y Martínez Benlloch, Isabel. 2004. Psicología y Género. Madrid. Pearson Practice Hall.
· De Rivas, Duque (Ángel de Saavedra). 1998. Don Álvaro o la Fuerza del Sino. España. Editorial Alba.
· Grau, Olga y otras. 1997. Discurso, Género y Poder. Discursos Públicos: Chile 1978- 1993. Santiago. LOM-ARCIS.

Consultas en Internet.

· Hermosa, Antonio. 2002 “Tragedias del Honor (amor, honor y destino en Don Álvaro o la Fuerza de Sino)” En:
http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/282/28230502.pdf

· Valero, José y Zighelboim, Stephanie. 2006. “Don Álvaro o la Fuerza del Sino” En: http://www.decimononica.org/VOL_3.1/Valero_y_Zighelboim_V3.1.pdf